La roncopatía y la apnea del sueño han pasado en las últimas décadas de considerarse una curiosidad médica sin relevancia, asociada inocuamente al ronquido, a señalarse como un problema de salud pública que implica la movilización de numerosos recursos económicos y sanitarios acaparando foros de discusión e investigación multidisciplinar. El ronquido, fenómeno acústico causado por la vibración de las estructuras blandas orofaríngeas, puede ser inocuo en la mayoría de los casos pero aún como manifestación sintomática leve no asociada a enfermedad, es un indicativo de que algo no funciona bien. Roncar implica necesariamente una anomalía anatómica y funcional de los mecanismos de la VAS. El ronquido patológico representa un problema en dos vertientes, la social, que convierte a estos pacientes en “insoportables” compañeros de cama y una repercusión clínica más seria de morbilidad asociada. En cuanto a las repercusiones en las relaciones personales, las molestias originadas para los cónyuges no son despreciables ya que en ocasiones llegan a soportar ruidos que pueden alcanzar un nivel de 80-90 decibelios (equivalente al ruido que provoca un camión a gran velocidad por una autopista). El límite de daño auditivo se estima en una intensidad de 65 dB y se han descrito casos de hipoacusia (sordera) autoprovocados por el propio ronquido del paciente. Los ronquidos perturban las relaciones personales y familiares de los pacientes extendiendo su alcance psicológico a las personas de su entorno más inmediato que sufren directamente las consecuencias. Se observan elevadas cotas de divorcio en estos subgrupos de población.
Cuando el ronquido viene acompañado de un cuadro clínico de pausas respiratorias e hipersomnolencia diurna, que llega en ocasiones a niveles inhabilitantes, se diagnostica como síndrome de apnea-hipopnea del sueño. La apnea obstructiva es un trastorno respiratorio del sueño que se define como una anomalía anatómico funcional que provoca repetidos ceses del flujo aéreo a nivel faríngeo que interrumpe el ciclo respiratorio de los sujetos mientras duermen. Las ausencias de respiración, que pueden suceder cientos de veces durante una jornada de sueño, provocan múltiples perjuicios para la salud en dos vertientes, una por la falta de oxigenación y la intermitencia de hipoxia e hipercapnia y otra por el deterioro cognitivo debido a la imposibilidad de obtener un sueño reparador. Como respuesta a la falta de oxígeno, los esfuerzos respiratorios recuperan bruscamente el flujo provocando microdespertares inconscientes que fragmentan el patrón del sueño. Toda esta actividad nocturna pasa inadvertida para los propios pacientes que despiertan fatigados tras una jornada de sueño que normal. Habitualmente son los familiares o cónyuges los que describen el ciclo sintomático de ronquidos, silencios prolongados que corresponden a las apneas y esfuerzos respiratorios con los que se reanuda la respiración.
Hay una creciente evidencia clínica y epidemiológica que indica que el SAHS y en menor medida la roncopatía crónica sin tratamiento, están asociados a una gran variedad de consecuencias para la salud. Estos resultados plasman índices aumentados de mortalidad asociados a la sintomatología. La consecuencias clínicas observables incluyen cansancio crónico, depresión, falta de concentración y memoria, disfunción sexual, hipertensión, infarto cerebral, infarto de miocardio, tromboembolismo etc. Los estudios epidemiológicos han demostrado que un SAHS moderado o grave, con un IAH > 30 predispone al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y trastornos neuropsiquiátricos. Se trata de un factor de riesgo en accidentes de tráfico y laborales y su trascendencia es indudable en la hipertensión arterial. La gravedad de las consecuencias en el organismo depende de la duración y frecuencia de los episodios y es consecuente con las alteraciones en el intercambio gaseoso, el grado de desaturación de O2 y saturación que se produzca de CO2 , incluyendo la manera en la que se interrumpa el patrón normal del sueño. Los cambios gasométricos y la fragmentación del sueño por los reiterados despertares explican la dilatada clínica de comorbilidad del SAHS. Este cuadro compromete significativamente la calidad de vida de los pacientes y convierte SAHS en un problema de salud de primera magnitud.
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